Raíces en Torrecera
Jerezano de nacimiento, criado en Torrecera, una pequeña localidad de menos de 1.500 habitantes donde la vida se mueve al ritmo del campo, el ganado, la construcción y los servicios. Allí aprendió lo que no se enseña en ninguna escuela: que las cosas importantes se hacen con las manos, que el trabajo duro es un idioma universal y que la cercanía con la gente no es una estrategia, es una forma de vivir.
Esa identidad rural —la del pueblo pequeño que conoce a todos por su nombre— es la misma que hoy aplica a los negocios. Tratar a cada cliente como vecino, no como número de contrato, no es una frase de marketing: es cómo le enseñaron a tratar a la gente desde niño.
Quienes le conocen coinciden en describirle igual: persona cercana, accesible, observadora y con una enorme capacidad de escuchar. Le gusta aprender algo nuevo cada día, rodearse de gente distinta y prestar atención a los detalles que a otros se les escapan. Porque antes que CEO —o cualquier otro título— se considera, sobre todo, una persona que trata de entender a los demás.